Números olímpicos y una propuesta

La productividad de la delegación olímpica mexicana fue de 0.039 medallas por deportista integrante de la delegación, compuesta por 126. No es tan mala si se la compara con la de Brasil, con una delegación de 462 deportistas, casi cuatro veces el tamaño de la mexicana y 19 medallas, lo que da una productividad de 0.041 medallas por deportista.

Nuestros amigos ches tuvieron una productividad de 0.012 con una delegación de 310 atletas y cuatro medallas. Pero la más eficiente de nuestra región fue Jamaica, con 11 medallas y una delegación de 63 atletas, incluyendo al relámpago Usain Bolt, es decir, una eficiencia de 0.174. Ya sabe usted cuál fue la delegación con una mayor productividad: Estados Unidos tuvo un quinto de medalla (0.218) por integrante de su delegación, con 554 atletas y 121 medallas.

La anterior es una estadística cruda, pues no hace una ponderación de la mezcla de medallas. Por ejemplo, si a las medallas de oro les damos 10 puntos, a las de plata 5 y a las de bronce 1, Brasil tendría 0.229 puntos por atleta, mientras que México tendría casi la mitad, con 0.134, lo que parece más justo, pues los atletas brasileños lograron medallas individuales y de conjunto en deportes extremadamente competidos. Y Estados Unidos tendría 683 puntos, lo que le daría 1.23 puntos por atleta. Jamaica tendría siete puntos por atleta. Japón, que tiene exactamente la misma población que México, tuvo una productividad bruta de 0.121 medallas por atleta, pues tuvo 41 medallas y una delegación de 338. Con el cálculo ponderado tuvo 0.535 puntos por deportista, 400% la de México, más o menos la diferencia entre nuestros PIB/per cápita, US$ 36 mil y US$ nueve mil, respectivamente, para 2015.

Conade

Cuba tuvo casi el mismo número de atletas que México, 123, y obtuvo 11 medallas, lo que le da una eficiencia cruda de 0.089, poco más del doble de la de México y un puntaje ponderado de 0.523, igual que el de Japón, pero un PIB/per cápita que imagino menor que el de México y mucho más bajo que el de Japón, pero el Banco Mundial no tiene consignado ese dato. Como con el caso de Jamaica, esta última estadística cubana también probaría que no hay una relación directa entre PIB/per cápita y éxito deportivo, lo que sabemos desde hace tiempo, pero vale la pena recordarlo.

El caso cubano nos lleva a otro ejercicio interesante de numerología. La isla tuvo el mismo número de atletas seleccionados que México, pero tiene 11 veces menos población que México.

Brasil realizó un experimento interesante para Río 2016. Un tercio de los integrantes de la delegación brasileña, 145, son sargentos terceros en las Fuerzas Armadas de ese país. Y de las 19 medallas ganadas, 12 fueron de atletas que saludaron militarmente cuando eran condecorados. Pero en su gran mayoría no son militares de carrera, más bien son deportistas que sólo encontraron en la vía militar la oportunidad para poder prepararse de tiempo completo para estos juegos olímpicos. El ejército tiene un Programa de Alto Rendimiento que le permite reclutar atletas a los que entrena militarmente por 45 días, para luego darles las condiciones para entrenar deportivamente, con un salario mensual como de mil dólares y acceso a todas las instalaciones. No pueden permanecer más que ocho años (es decir, dos Juegos Olímpicos). Programas semejantes hay en China, Alemania, Rusia, Francia e Italia. La delegación norteamericana tuvo 16 soldados-atletas, pero estos sí formados como militares.

En México hemos tenido, desde por lo menos 1948, medallistas y competidores militares, tradicionalmente en equitación y algunas ramas del atletismo; en esta ocasión, de las cinco medallas que ganamos, tres son de integrantes de las Fuerzas Armadas, seguramente resultado de un programa parecido al de Brasil, pero como todo en México, “en chiquito”. Una opción emergente frente al desorden inaudito en las federaciones y en la Conade es ampliar ese programa. Los atletas tendrían un ambiente garantizado para entrenar, competir y vivir con dignidad. Esta opción no puede sustituir el programa civil de fomento al deporte de alto rendimiento, pero puede proteger a un núcleo grande de deportistas mientras se arregla la debacle civil, si es que se arregla. Y no está de más agregar que parte de la discusión sobre la reforma educativa debe incluir el fomento al deporte desde la educación inicial. Y que las escuelas no sólo deben tener baños y bebederos decentes, sino canchas, equipo deportivo y profesores de educación física.

Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx

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