El tercer debate: Prison Break a la movilidad social

11 de Junio de 2018

La tragedia en México no es la pobreza. En 1950, 80% de los mexicanos eran pobres. La tragedia es la sentencia de por vida en la que se ha convertido nacer pobre, crecer pobre, vivir pobre y heredar ese destino de miseria a los descendientes.

Las circunstancias del nacimiento para millones de mexicanos que viven en la precariedad se han convertido en una cárcel infranqueable: con murallas de acero de 10 metros de espesor y 30 de altura. No importa cuánto se aprenda dentro de esa cárcel, ni tú ni tus descendientes podrán franquearla, pues hace décadas que la educación dejó de ser un pasaporte al ascenso social y a un mejor ingreso. Las cifras que muestran los estudios del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, (CEEY), en su estudio Movilidad social en México: población desarrollo y crecimiento (2010) son contundentes, con cifras de 1980 a 2006: “De las personas que nacen en el quintil (el 20% de la población) más bajo, 48% permanece en dicho quintil y 75% se ubica dentro del 40% más pobre de la población durante su vida adulta”. El estudio del CEEY muestra una caída preocupante en el número de adultos propietarios de negocios o propiedades en relación a sus padres.

Necesitamos un Prison Break: un gran escape, una fuga masiva de esa prisión, de la sentencia inexorable que dice “nacimiento es destino”. Hasta hace poco, la marcha hacia EU era el intento más ensayado para escapar de la prisión de la pobreza. Con todo, esa válvula de escape beneficiaba anualmente un número relativamente modesto de compatriotas. Y hoy se dificulta aún más por las políticas antiinmigrantes de Trump. ¿Qué alternativas hay para dinamizar la movilidad social y lograr que millones de mexicanos escapen de un destino de precariedad? Sin duda, el crecimiento económico con empleos dignos y bien remunerados es la primera opción. Para ello, las dos principales coaliciones tenemos propuestas contrastantes:

En la coalición Por México al Frente creemos en la necesidad de un choque de redistribución del ingreso, mediante un aumento inmediato al salario mínimo a 100 pesos y su incremento gradual durante el sexenio, así como el inicio de un programa para llevar el Ingreso Básico Universal, IBU, primero a los más pobres del país y paulatinamente extenderlo a los cuatro o cinco estados con mayor pobreza. Por ejemplo, iniciar la implementación del IBU con aproximadamente nueve millones de adultos, mayores de 15 años, representaría 1% del PIB. A diferencia de los programas focalizados o segmentados como los que propone Morena con su iniciativa de dar 3,200 pesos a 2.6 millones de jóvenes, la característica de universalidad de nuestra propuesta elimina la costosa burocracia para la comprobación de la transferencia y la selección de los beneficiarios. Por ejemplo, en este 2018, hay regiones en el sur del país que apenas en junio están recibiendo la primera distribución de Prospera por trámites burocráticos, dificultades para demostrar la transferencia, identificar a los beneficiarios, etcétera. La Secretaría del Trabajo de la CDMX ya intentó un programa idéntico al propuesto por Morena: 3,500 pesos pagados mensualmente por el gobierno para que durante un periodo determinado, las empresas entrenen al joven y eventualmente lo puedan contratar. De 100 jóvenes que conseguían cita con el empleador, sólo uno se presentaba a la entrevista. En cambio, el IBU distribuido entre los jóvenes es una mejor opción: menos burocracia, menos trámites, menos pasos que cumplir y vigilar y sobre todo, mayor autonomía para que los jóvenes decidan qué hacer en esa etapa de su vida.

Pero además de un choque de ingresos que se traducirá en un mayor consumo y activación del mercado interno, la propuesta de Por México al Frente propone una importante inversión pública y público-privada en la construcción de infraestructura. Aquí el contraste también es interesante: El Frente propone concentrar la inversión en aquellos cuellos de botella cuya eliminación se traduciría de inmediato en un aumento en la productividad. Por ejemplo, hay una vía de tren entre Lázaro Cárdenas en el Pacífico y el Puerto de Altamira, en el Golfo de México, cuyos túneles de diseño antiguo no permiten el paso de containers modernos. Su mejora permitiría mayores exportaciones automotrices a Europa. Así hay identificados varias docenas de proyectos de infraestructura cruciales.

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La otra coalición revive el proyecto de la conexión interoceánica en el Istmo de Tehuantepec soñada desde hace siglos y planteada formalmente en el gobierno de López Portillo. Es un lindo proyecto… en el papel, pues pone la carreta antes que los caballos, es decir, el puerto y las vías de comunicación antes que la producción. La construcción de los puertos de Lázaro Cárdenas (con el proyecto acerero de Las Truchas) y Altamira, iniciados en los 80, llevó décadas para que fueran sustentables. La prioridad es aumentar la productividad y el empleo con inversiones bien planeadas y seleccionadas para quitar obstáculos a la productividad y el crecimiento.

Veamos en el tercer debate, los contrastes entre una propuesta “viejita”, la de Morena, y la propuesta innovadora y audaz de Por México al Frente. La idea de Prison Break, la famosa serie de TV sobre el fenomenal escape de una prisión, la tomé de una entrevista en salón.com con Yannis Varoufakis. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx.

 

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