¿Son los empresarios los culpables de la “tragedia nacional”?

7 de Mayo de 2018

En el 162 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud era difícil que no me brincara un posible significado oculto, inconsciente, en la declaración de Andrés Manuel López Obrador culpando a los empresarios de la “tragedia nacional”. Pero no tuve que desempolvar ninguno de los tomos de Freud para recordar las enseñanzas del gran misógino.

AMLO es transparente. Al culpar a los grandes empresarios de los males que suceden a México, el candidato presidencial de Morena libera de toda culpa al actual gobierno. Refrenda así la lealtad a sus orígenes priistas, la promesa de liberar al actual Presidente de cualquier demanda o juicio y la propuesta de efectuar un borrón y cuenta nueva para los casos de corrupción anteriores. Emilio Lozoya Austin duerme tranquilo.

Para que la memoria no nos haga una de sus jugarretas freudianas, reproduzco parte de la declaración del candidato ante la CIRT: “Ellos son responsables de la tragedia nacional… Se sienten los dueños de México, tienen confiscadas las instituciones, el gobierno no representa a todos los mexicanos, está al servicio de esta minoría rapaz (…) que hace y deshace; pensaban ahora en la campaña que iban a seguir igual, tirando la piedra y escondiendo la mano (…) difamando con guerra sucia y que no se les podía señalar (…) es nada más decirles ya, basta, han robado mucho, han destruido al país, han desgraciado al pueblo, háganse a un ladito, ya”.

Yo identifico dos tragedias en el país: la de la violencia, con más de 200 mil muertes, y vastas zonas del país dominadas por el crimen organizado. De esa tragedia los culpables son los gobiernos de Felipe Calderón –cuyos representantes y simpatizantes más importantes están fuera de Por México al Frente–y el de Enrique Peña Nieto. Los empresarios grandes y pequeños no sólo no son culpables, sino que son víctimas de extorsión y de amenaza de secuestro.

La segunda, es la de la creciente desigualdad con dos síntomas: la precarización del empleo y la escasa progresividad fiscal. En cuanto a la primera, se ha dado fundamentalmente a través de la utilización del salario mínimo como herramienta para contener la inflación. ¿Culpables? Sin duda el binomio Hacienda y Banco de México. En especial, como gobernador de Banco de México, Agustín Carstens se opuso hasta su partida a un aumento sustancial del salario mínimo. ¿Qué hizo López Obrador por la desindexación del salario mínimo, paso indispensable para poder iniciar aumentos más significativos? Nada. Quienes emprendieron la batalla para lograr una reforma constitucional necesaria para la desindexación hoy están en la campaña de Ricardo Anaya: Miguel Ángel Mancera y Salomón Chertorivski, quienes dieron cátedra de cómo ganar una batalla cultural. Primero demostraron que no era una minoría de 300 mil trabajadores la que ganaba el salario mínimo, sino poco más de siete millones que ganan uno y dos SM; segundo, demostraron que aunque había habido aumentos en la productividad en los pasados 30 años, estos no se habían reflejado en el Salario Mínimo, que había perdido hasta 70% de su poder adquisitivo. Tercero: demostraron que aumentos paulatinos en el mínimo no sólo no impactarían significativamente en la inflación, sino que podrían fortalecer el mercado interno. ¿Y los empresarios? Todos, especialmente medianos y pequeños, estaban cómodos con los bajos salarios hasta que la campaña de Mancera los convenció de que la precarización del trabajo actuaba en contra de la productividad del país. Las grandes empresas prácticamente no tienen trabajadores que ganan el mínimo, pero han tercerizado labores que sí reciben el salario mínimo. Otro signo ominoso de la sociedad mexicana es el de la creciente desigualdad. Y aquí hay que reconocer que Peña Nieto hizo algo importante: la Reforma Fiscal de diciembre de 2013, tímidamente progresiva, criticada, pero acatada por los empresarios por cerrar diversos huecos —no todos los que deben cerrarse— aprovechados por las empresas para pagar menos impuestos. La escasa progresividad del sistema tributario mexicano es responsabilidad fundamental del gobierno y de su mayoría en el Congreso, no de los empresarios.

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México necesita empresas grandes, medianas y pequeñas; necesita emprendedores tecnológicos; cooperativas de trabajadores; asociaciones de grandes empresas con pequeñas empresas y asociaciones público-privadas. Necesita un ecosistema complejo de todas las modalidades del emprendedurismo. Las grandes empresas son fundamentales por las ventajas de productividad, economías de escala e inversión en investigación que pueden hacer, por el aprendizaje que traen al país al internacionalizarse. Que hay empresas depredadoras, sí, las hay si el Estado las deja. Que hay capitalismo de compadres, sí, lo hay si el Estado lo permite y lo practica. Un gobierno con un Sistema Nacional Anticorrupción fortalecido, con instituciones autónomas potentes como la Comisión Federal de Competencia, un Poder Judicial verdaderamente autónomo garantiza avances duraderos transexenales que no dependan de los humores del titular del Ejecutivo. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx.

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