A mí sí me gusta la sociedad civil

26 de Marzo de 2018

¿Dónde termina el pueblo y comienza la sociedad civil? Difícil dar una respuesta exacta. A veces el pueblo es pueblo: ciudadanos ocupados en sus quehaceres, masa engañosamente homogénea que llena plazas, vota o no vota, que aguanta pacientemente injusticias, que encuentra modos de sobrellevar una vida difícil.

En otras circunstancias ese mismo pueblo o segmentos de ese pueblo se transforman galvanizados por un evento o por una suma de ellos. Toma la alcaldía, hace justicia por su propia mano. En 2015, hubo 63 linchamientos. En 2017 fueron más de 150. Pero en otras circunstancias, el pueblo igual toma la alcaldía, organiza un cabildo paralelo, elabora condiciones mínimas para volver a la normalidad. Encuentra resortes que presionar para resolver un problema. Se organiza en sociedad civil, pasa la emergencia, se desorganiza. O continúa y crea organizaciones perdurables.

O como en el sismo del 19 de septiembre: acude masivamente a prestar solidaridad, se moviliza y desvela por las víctimas y protagoniza actos de heroismo y generosidad sorprendentes. Todavía es pueblo. Pero también esparce rumores, los potencializa y desorganiza los esfuerzos de abastecimiento y logística de los campamentos de víctimas y de las brigadas. Y es ahí donde surge el fenómeno de la sociedad civil.

#Verificado, un colectivo que se crea para comprobar que la información que se transmite en redes sea real, prestó un servicio invaluable a los esfuerzos de la atención inmediata de la emergencia. Y esa experiencia le permite evolucionar para crear una iniciativa contra las noticias falsas.

Las mujeres no habríamos conseguido que se cumplieran las cuotas y luego se lograra, posteriormente, la paridad obligatoria en las candidaturas, si no fuera por la sinergia entre las organizaciones de mujeres fuera de los partidos políticos y las que tenían posiciones de poder en partidos y Congreso. Decenas de organizaciones feministas integradas por expertas, activistas, universitarias, abogadas, hombres solidarios con las mujeres y conocimiento del funcionamiento de tribunales. ¿Y la interrupción legal del embarazo? Si no fuera por expertas organizadas de forma persistente e inteligente, jamás hubieran cambiado la percepción de muchos de que se trata antes que nada de un problema de salud que afecta gravemente a las mujeres. Adoro la sociedad civil profeminista.

¿Y los derechos de las minorías? ¿El pueblo? El pueblo seguía opinando mayoritariamente en las encuestas que prefería hospedar a un delincuente una noche que a un homosexual. Pero la sociedad civil sensibilizada primero por la emergencia de la epidemia del sida, las iniciativas de auto organización y defensa de los gays en países como Estados Unidos y Brasil, y las propias iniciativas de la comunidad homosexual en México han logrado cambios profundos que llevaron a la reforma al artículo primero constitucional de 2011. Igualdad de derechos, matrimonio igualitario, adopción por parte de parejas homoparentales. ¿Qué sería de los derechos de esa comunidad si solo se hubieran dejado en manos de la “sabiduría del pueblo” y no en la batalla de los pocos que se atrevieron primero, los poquitos que los siguieron y las compuertas que abrieron a los miles de integrantes de la comunidad LGBTTTI que ahora pueden defender su derecho a vivir y amar con libertad?

¿Y la lucha por la salud y contra la obesidad de los mexicanos? El pueblo mexicano bombardeado por la publicidad engañosa y obligado por la precariedad salarial, tiene el primer lugar mundial en consumo per cápita de bebidas azucaradas, en obesidad y diabetes infantil. La sociedad civil organizada en iniciativas, como el Poder del Consumidor, y la Alianza por la Salud Alimentaria en sinergia con el Congreso, lograron cambios fundamentales en el etiquetado y en el IEPS.

¿Y la lucha contra la corrupción? ¿Tendríamos en nuestras manos los videos en los que los ejecutivos de Odebrecht declaran haber entregado por lo menos 10.5 millones de dólares a Emilio Lozoya? Por parte de la PGR no sabemos nada. Gracias a Quinto Elemento Lab los tenemos. Gracias a Mexicanos contra la Corrupción sabemos de la Estafa Maestra y del modus operandi para triangular recursos mediante empresas fantasmas.

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En las encuestas de valores que conozco, el pueblo tiene actitudes ambivalentes respecto al cumplimiento de las leyes y respecto a la corrupción. Décadas de vivir bajo el régimen casi monopartidista del PRI, de depender de empleos gubernamentales y de tener acceso restringido a servicios, créditos, vivienda, programas sociales, etc., a menos que se tuviera palancas, hicieron que los mexicanos fueran tolerantes con la corrupción: “Que robe pero que reparta”, “que robe pero que haga”, “que robe, pero que nos toque”. De nuevo, inciativas de la  sociedad civil jugaron y juegan un papel fundamental en cambiar poco a poco esa ambivalencia. Iniciativas como México Evalúa, Mexicanos Unidos contra la Corrupción, Transparencia Mexicana han logrado que se eleve un clamor contra la corrupción.

AMLO expresó en su entrevista en Milenio que le tiene “mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil” y que toleraría el Sistema Nacional Anticorrupción, pero que no le gusta. Pues si a usted le gusta la sociedad civil y ha participado en alguna iniciativa, ya sabe por quién no votar. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx

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