Candidatos para el Frente Ciudadano por México

6 de Noviembre de 2017

Para que el Frente Ciudadano por México, FCM, gane la elección presidencial en 2018, el (o la) candidato debe, por lo menos, replicar la primera cualidad que aporta esta iniciativa: la unión de fuerzas diferentes, pero con un propósito común.

Es decir, todas las fuerzas, partidarias o no, que confluyen en este esfuerzo deben sentirse mínimamente representadas por la principal candidatura. Y, a la inversa, deben evitarse candidatos que alienten fugas hacia candidaturas ajenas al FCM. Ya lo he escrito: desde mi punto de vista, ello excluye a los presidentes de los tres partidos que lo encabezan y a figuras que sean inequívocamente identificadas con uno solo de los partidos. Independientemente de la buena o alegada mala voluntad del presidente del PAN, Ricardo Anaya, Margarita Zavala no podría haber sido la candidata del Frente. No sólo es “demasiado panista” (aunque se haya salido) para el gusto de muchos votantes potenciales del PRD y de MC, sino que nunca se ha deslindado de la fracasada estrategia de seguridad de su esposo, el expresidente Calderón. Es cierto que Margarita es popular y mantiene números muy respetables en varias encuestas aún en su condición de aspirante a independiente.

Con todo, esos buenos números son frágiles. Dos son las fuentes de fragilidad: los errores del gobierno de su esposo, el expresidente Calderón y la ausencia de propuestas claras de la candidata. Aunque haya pasado un sexenio desde que el esposo de Margarita dejó Los Pinos, la estrategia equivocada en seguridad iniciada con él, continúa segando vidas y cobrando un precio indefendible. No veo cómo puede desasociarse. Su candidatura no une, sino que desune como se ha comprobado con la decisión de separarse de su partido.

Por razones diferentes, estoy convencida de que Ricardo Anaya tampoco debe ser candidato del Frente. Primero porque, aunque el PAN sea hasta ahora el partido que más votos pudiera aportar, el Frente no es ni debe ser una colección de formaciones en torno a un partido. Ello sólo propicia fuerzas centrífugas que lo debilitarían. Mi apreciación no se deriva de la feroz y viciosa campaña emprendida por el gobierno y por el PRI contra Anaya. Por el contrario, ésta le ha permitido mostrarse como el hombre inteligente y preparado que es. Y me detengo en este último adjetivo: una cosa es estar preparado para dirigir un grupo parlamentario y un partido político nacional —por cierto, experiencias por las que Margarita no ha pasado— y otra es estarlo para la Presidencia de la República en los tiempos turbulentos en los que vivimos.

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Me parecen indispensables experiencias en las que el futuro (o futura) candidato haya acumulado horas de vuelo en la toma de decisiones difíciles. Me refiero, sobre todo, a decisiones en las que la más reciente responsabilidad no sea de carácter compartido
—como en el Legislativo o en un partido político— sino fundamentalmente en la rama ejecutiva de un gobierno: una secretaría de Estado o un gobierno local. Aclaro de una vez: la candidatura del exgobernador Rafael Moreno Valle es, siempre desde mi punto de vista, inviable, entre otras razones por la feroz represión que desató en Puebla, incluyendo al PRD de aquella entidad.

De los posibles precandidatos del Frente, me parece que Miguel Ángel Mancera ha pasado airoso por dos pruebas de excepcional dificultad: la crisis ambiental de febrero de 2016 y el pasado temblor del 19 de septiembre. En el primer caso, la crisis no se repitió en 2017 a pesar de que no se relajaron los estrictos criterios autoimpuestos desde 2015 y de que la contaminación se produce en la zona metro y megapolitana y no sólo en la CDMX. El impopular Reglamento de Tránsito demostró su utilidad, así como la campaña para hacer menos atractivo el uso del automóvil y el hecho de que la CDMX sea responsable de su red de monitoreo.

En el caso del temblor del 19 de septiembre, menciono dos decisiones de esta administración que han facilitado enfrentar el desasosiego y desamparo de miles de capitalinos: la CDMX es la única entidad federativa que aún antes de que lo mandatara la Ley de Disciplina Financiera, estableció un mecanismo presupuestal para formar un fondo para emergencias naturales y administrativas. Más ágil y mejor diseñado que el Fonden, el Fonaden capitalino ha permitido iniciar desde los primeros días después del sismo la distribución de apoyos económicos a los afectados, la demolición de edificios que representaban un peligro inmediato para los vecinos, así como la remoción de escombros. La CDMX es también la única entidad que cuenta con una institución de evaluación de riesgo como el Instituto para la Seguridad de las Construcciones. Creado por decreto en 2010, en la práctica comenzó a funcionar en 2014 y su vigilancia evitó que hubiera un número mayor de derrumbes. A diferencia de otras entidades, la CDMX sostiene la red de sismógrafos que están en su territorio y llevó la Alerta Sísmica a numerosas colonias y barrios. Y finalmente, mucho del descontento real de los capitalinos por problemas de la ciudad se deriva del mal diseño administrativo y de gobierno de la capital, resultado de su lenta evolución democrática. Mucho de eso cambiará con la Constitución de la Ciudad de México. Que hay más candidatos o candidatas, seguramente sí. Que deben cumplir otras características, seguro que sí, pero las anteriores me parecen esenciales. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y en Fb.com/ceciliasotomx.

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