El fraude de la tarjeta rosa

26 de Junio de 2017

No lo sé de cierto, pero es posible que en la jornada electoral Alfredo del Mazo haya conseguido el mayor número de votos. Cómo los consiguió, ésa es otra historia. El candidato del PRI tuvo amplia preferencia entre los electores  que constituyen parte del voto duro priista, aquellos que cuentan con el nivel más bajo de estudios, apenas la primaria, que coincide con el segmento de ingresos más bajos.

Si uno fuese creyente de las teorías conspirativas, concluiría que la educación está tan mal en nuestro país con el propósito de no erosionar aún más el voto priista. Pero Del Mazo también logró casi 10 puntos más que la candidata Delfina Gómez, entre las mujeres.

Cruzando los tres segmentos: menor nivel educativo, menores ingresos y género, se puede concluir que muchos de esos votos son de mujeres con nivel de educación mínimo y escasos recursos.

La clave para entender la amplia ventaja entre las mujeres de ese segmento es la oferta del candidato priista de una tarjeta rosa para reconocer el trabajo no remunerado de las mujeres que se quedan en casa a cuidar niños, adultos mayores o personas con discapacidad.

Las bien organizadas brigadas del tricolor recorrieron exhaustivamente los barrios populares ofreciendo la tarjeta rosa, entregándola físicamente y ejerciendo el conocido juego del “policía malo y el policía bueno”: “Te entrego la tarjeta rosa para que votes por el PRI y te beneficies con ella y te advierto que si votas por la oposición, se acabarán todos los programas sociales que has venido recibiendo”.

La tarjeta rosa es un reconocimiento a uno de los temas que hemos venido impulsando desde el movimiento feminista y su influencia en el mundo de las estadísticas, en las cuentas nacionales, el Inegi, etcétera, el del trabajo no remunerado que llevan a cabo abrumadoramente las mujeres.

Otro candidato mexiquense, mi favorito, Juan Zepeda, también hizo una propuesta para reconocer ese trabajo al que le puso un nombre horripilante: el de niñeras.

Pero la oferta del candidato tricolor es una interpretación sesgada y vulgar del reconocimiento al trabajo no remunerado.

Para tener una medida de comparación, reproduzco aquí el artículo 9, Ciudad Solidaria, apartado B, “Derecho al Cuidado” de la Constitución de la Ciudad de México, promulgada el 5 de febrero de este año: “Toda persona tiene derecho al cuidado que sustente su vida y le otorgue los elementos materiales y simbólicos para vivir en sociedad a lo largo de su vida.

Las autoridades establecerán un sistema de cuidados que preste servicios públicos universales, accesibles, pertinentes, suficientes y de calidad y desarrolle políticas públicas.

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El sistema atenderá de manera prioritaria a las personas en situación de dependencia por enfermedad, discapacidad, ciclo vital, especialmente la infancia y la vejez y a quienes, de manera no remunerada, están a cargo de su cuidado”.

La economía del cuidado es un conjunto de políticas públicas que tiene que ser reflexionado, debatido, soportado presupuestalmente y consensuado entre particulares y gobiernos estatales y municipales.

Debe poner especial cuidado en la universalidad y calidad de los servicios públicos. ¿De qué le sirve a una “cuidadora” recibir los 2.50 pesos diarios que promete Del Mazo, si los servicios de salud mexiquenses están sobresaturados, si en el transporte público le roban su dinero a los trabajadores o suceden atrocidades como la que sufrió la niña Valeria?

La promesa de la tarjeta rosa es el perfecto retrato de un modo de gobernar que ya no queremos: de arriba para abajo, clientelista, interesado en mantener cautivo al votante, no en fomentar su crecimiento autónomo.

En contraste con la idea de un simple sueldo, la economía del cuidado debe ser eso: un sistema que se sustenta en un pacto de la sociedad —no sólo del gobierno— para cuidar y proteger a los vulnerables e incentivar el crecimiento autónomo y la capacitación de quien ejerce las responsabilidades de los cuidados.

Después de las elecciones legislativas mexiquenses de 2018, que se celebrarán tres días antes de las elecciones federales, la promesa de pagar 2.50 pesos diarios a las mujeres no tendrá  respaldo presupuestal.

Diga lo que diga López Obrador, “le pese a quien le pese”, como dice el hermoso Soneto Mariano de Fernando del Paso, la oposición mexiquense tendrá el voto mayoritario, probablemente unificado en el Congreso local y Alfredo del Mazo gobernará en minoría absoluta. Y ya veremos qué decide la mayoría. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog  y en fb.com/ceciliasotomx.

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