Gracias y adiós a la Iniciativa Mérida

05 de Junio de 2017

Las condiciones bajo las cuales fue firmada la Iniciativa Mérida entre México y Estados Unidos, en 2008, han cambiado radicalmente. Bajo la Presidencia de Donald Trump la obsolescencia del Plan se hace más evidente. Es difícil colaborar en materia de seguridad con el gobierno de un Presidente que hace a su país más vulnerable al aislarse y romper con sus aliados europeos, al estigmatizar a los musulmanes y que propicia más violencia en su vecino del sur al permitir el tráfico de armas. Como dice la canción, no vale la pena.

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El Plan Mérida fue firmado bajo premisas que se han esfumado o variado profundamente. Aunque los cuatro “pilares” que aparentemente guían los objetivos de la Iniciativa son “afectar la capacidad operativa del crimen organizado, institucionalizar la capacidad para mantener el Estado de derecho, crear la estructura fronteriza del siglo XXI y construir comunidades fuertes y resilientes”, en realidad la primera y más relevante premisa no se encuentra explícitamente mencionada, pero permea todo el abordaje al reto de la seguridad. Me refiero a la política de combatir el consumo de drogas y, por tanto, seguir una política de destrucción de cultivos, interrupción de rutas del trasiego y debilitamiento de capacidades operativas de los narcotraficantes.

La realidad que sostiene este enfoque se ha esfumado como nube viajera. Estado tras estado del país vecino han venido experimentando la ruta siguiente: aprobación del uso medicinal de la mariguana para luego desembocar en uso lúdico de ésta, incluyendo el cultivo y comercio de la yerba. Varios estados han alcanzado la autosuficiencia y los productores ensayan mejoras genéticas. En el Congreso de la Unión acabamos de aprobar el uso medicinal de los cannabinoides y crece el convencimiento de legalizar el uso lúdico para los adultos que deseen hacerlo. No vale la pena gastar una sola bala o arriesgar la vida de un solo integrante de las Fuerzas Armadas o de las policías de este país, para interceptar cargamentos de mariguana que van a Estados Unidos. Preferible derrumbar el precio y privar al crimen organizado de esos recursos porque aquí se legaliza, que se derrumbe el precio por la saturación en Estados Unidos y entonces busquen ampliar su mercado en México.

Queda la preocupación por el tráfico de la goma de opio (de donde se deriva la heroína), la hoja de coca y los precursores del crack y de las metanfetaminas. En nuestro país, siete de cada diez pacientes que mueren de enfermedades como el cáncer, mueren con dolor por falta de analgésicos potentes como la morfina y demás opioides, también derivados de la goma de opio. ¿Por qué demonios debemos condenar a morir con dolor a nuestros enfermos por no legalizar el cultivo de amapola para que no les dé un calambre a nuestros vecinos del norte? Más de 20 países cultivan en forma legal la amapola, flor de donde se colecta la goma de opio, y la utilizan para fortalecer su industria farmacéutica para producir analgésicos a precio asequible para su población y aún para exportar. Hagámoslo en forma responsable, cuidando de desmontar las causas de la violencia en Guerrero y el Triángulo Dorado, con alternativas de empleo e ingreso digno y una iniciativa de desarrollo en investigación y producción de medicamentos. Precursores y coca son un problema cuya solución no sólo es de México, pues no se producen aquí.

De los dos mil 300 millones de dólares que incluye originalmente la Iniciativa Mérida, mil 600 ya se han gastado, de 2008 a 2017, en equipamiento, como los helicópteros Blackhawk o asignado a proyectos, aproximadamente 200 millones por año. Para el presupuesto de seguridad interior de 2017, la Secretaría de Gobernación tiene asignados mil 700 millones de dólares y si sumamos el presupuesto para las Fuerzas Armadas, se rebasan los seis mil millones de dólares.

El monto de los recursos de la Iniciativa Mérida es intrascendente para el compromiso que nos exige, mientras que Estados Unidos no avanza un centímetro en uno de los “precursores” más directos de la violencia en México: el tráfico de armas. Aproximadamente 95% de las armas involucradas en muertes causadas por el crimen organizado provienen de  Estados Unidos. En más de tres mil armerías localizadas en la línea fronteriza y otras nueve mil en una franja cercana, cualquiera puede comprar no sólo pistolas para su autodefensa sino armas de largo alcance, como las Barret 50 usadas en la guerra de Irak, cohetes para derribar helicópteros y aviones, como las usadas en Jalisco. El presidente Trump y el Partido Republicano tienen el respaldo del llamado Gun Lobby, los cabilderos de la industria de las armas y su brazo de relaciones públicas, la National Rifle Association. Ahí no habrá avances, como no los ha habido desde que en 2004 venció la prohibición a la venta de armas de asalto, aprobada durante el gobierno de Bill Clinton.

Hoy lunes inicia la reunión Interparlamentaria entre legisladores de Estados Unidos y México. El fin a la Iniciativa Mérida y la apertura de otros canales de diálogo y negociación útiles y necesarios serán los temas que nos ocupen. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx

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