Trump juega al policía malo: no hay de otros

27 de Febrero de 2017

La visita de los secretarios de Estado y Seguridad Interna de Estados Unidos siguió el mismo guión que por repetido deja de ser eficaz: los secretarios se encargan de dar los discursos racionales, de respeto a la ley, de buena vecindad, etc., mientras que ese mismo día la Casa Blanca da a conocer el peor discurso posible con respecto a México o al país o región que visitan los funcionarios.

Ya pasó con el primer viaje a Washington del canciller Luis Videgaray y del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, y ahora volvió a suceder con el secretario de Seguridad Interior, John Kelly, y el secretario de Estado, Rex Tillerson: el día de su llegada se publicaron los decretos que endurecen las medidas para multiplicar las deportaciones y se anunció un calendario para la construcción del muro.

MEXICO-US-KELLY-TILLERSON

En otras partes, la táctica del “policía malo/policía bueno” le ha dado ciertos resultados. El gobierno de Angela Merkel anunció un aumento de 20 mil integrantes a sus tropas, respuesta a la queja trumpiana de que los europeos no invertían lo suficiente en seguridad. En México, el canciller Videgaray ha insistido candorosamente en que más que los discursos lo importante son los hechos. ¿Y cuáles son éstos? El secretario Kelly hizo esfuerzos por desmentir al presidente Trump en cuanto a que la política de migración no será militarizada. Pero el hecho es que el mencionado secretario fue escogido por Donald Trump para encargarse de la seguridad interior precisamente por tener una carrera de 45 años en las fuerzas armadas, haber desempeñado como último puesto en éstas la responsabilidad militar de la frontera sur y apenas tener un año de jubilado.

Por tanto, primer hecho: el gobierno Trump busca un enfoque, disciplina y modus operandi militares en la frontera con México. Que recurra o no a la Guardia Nacional no altera la intención explicitada en los dos memorandos firmados por el titular de Seguridad Interior. Segundo hecho: No es por falta de voluntad que no se implemente de inmediato este abordaje, sino por dificultades burocráticas e inherentes al tamaño de las metas que se fijaron. En su testimonio ante el Senado, Kelly habló sobre la dificultad de contratar a los 15 mil nuevos elementos para la Border Patrol y el Immigration Customs Enforcement (ICE). La última vez que se intentó algo semejante a mitad de los 90, dijo Kelly, fueron contratados inadvertidamente numerosos elementos del crimen organizado por la dificultad de aplicar a profundidad protocolos de seguridad.

Sería una tontería que el gobierno mexicano continuara vulnerable al juego de policía malo/ policía bueno. Si los hechos son los que importan, poco hay de bueno. Las directivas del secretario Kelly incentivan conductas crueles, xenofóbicas e irreflexivas entre el personal responsable de cuidar la frontera. El cuestionamiento sobre la viabilidad del TLCAN tiene implicaciones estratégicas para lo que debe ser el interés de México, definido transterritorialmente porque 34 millones de mexicanos habitan un territorio hostil.

Lo primero es examinar las consecuencias que se derivan de no compartir los objetivos de seguridad ni económicos del actual gobierno Trump. Ello significa, como ya lo he escrito, abrazar a la inmigración centroamericana con la compasión y voluntad que uno defiende a un hermano. Compartir nuestra red consular con ellos y permitir y proteger el libre tránsito por nuestro territorio son dos consecuencias lógicas.

Pero también nos interesa complejizar la relación de México con el mundo y, en especial, resolver la dependencia alimentaria con Estados Unidos, no sólo mientras dura la Presidencia de un sujeto desequilibrado como Trump, sino a largo plazo. Por razones sanitarias y de seguridad alimentaria necesitamos reducir la dependencia a las importaciones de maíz amarillo, tanto diversificando a los proveedores como desincentivando el consumo de frituras de maíz y otros productos prescindibles. Sacudir a las autoridades sanitarias que no revisan con rigor las importaciones de maíz americano, especialmente en lo concerniente a las aflatoxinas, poderoso cancerígeno, también es imprescindible. Tener como único proveedor de carne de pollo a un país que sufre brotes intermitentes de gripe aviar es suicida, cuando hay proveedores como Brasil, ajenos hasta ahora a esa epizootia.

También revisaremos en la Cámara de Diputados la conveniencia de solicitar visa a los turistas americanos y cobrarla razonablemente. Bien instrumentada, esta medida no tiene por qué dañar a la industria turística y, además de generar ingresos importantes, representaría una reafirmación del principio de reciprocidad, fundamental en la diplomacia.

Revisar la conveniencia de dar por terminado  lo que resta del Plan Mérida es otro pendiente. Si no se nos considera parte de Norteamérica, resulta absurdo instrumentar lo que les conviene a ellos, no a México. Recibir “ayuda” gringa resulta indigno. Hay mucho que revisar e implementar, mucho que resultará positivo par acabar con inercias dañinas.

Nos encontramos en @Twitter para escuchar sus ideas: @ceciliasotog, y también en Facebook: y https://www.facebook.com/ceciliasotomx/

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