#CrisisBrasil: la opinión del ex presidente Fernando Henrique Cardoso

 

http://opiniao.estadao.com.br/noticias/geral,a-constituicao-e-o-caminho,10000024463

La Constitución es el camino

Fernando Henrique Cardoso

02 Abril 2016 | 21h 32

El hombre público no siempre escoge el momento en que es obligado a actuar. Llevado a opinar o a decidir, no debe alejarse de sus ideales, tampoco puede desconocer el contexto en que actúa. Estamos confrontados con un proceso retador. He sido siempre cauteloso al endosar el impeachment porque se trata de un mecanismo legal que anula una decisión electoral mayoritaria. Así procedí, en el caso del gobierno Collor. Únicamente apoyé la tesis después de múltiples indicios de existencia de fechorías. El surgimiento de uno de éstas (caso del Fiat Elba), la parálisis del gobierno y el clamor en las calles fueron decisivos para la aprobación del impeachment. Fui cauteloso porque temía el retroceso institucional: la nueva Constitución había sido promulgada en fecha reciente y aún había arrebatos autoritarios en el aire.

Procedí de igual forma cuando surgió la posibilidad de juicio político del entonces presidente Lula debido al “mensalão” [mensualidad a los legisladores]. En aquél entonces, algunos afirmaron que procedí suponiendo que, desmoralizado, él sería inevitablemente derrotado en su intento por reelegirse. Mala información o mala fe. Yo pensaba en la dimensión histórica: Lula tenía una trayectoria, era el primer líder sindical que había llegado a la Presidencia. La acusación de que “las élites” lo habrían derrumbado sería una mancha que pesaría sobre la política brasileña por mucho tiempo, pudiendo inclusive fracturar la sociedad.

¿Por qué adoptar otra actitud ahora? Sucede que el tiempo ha revelado con nitidez lo que antes era nebuloso. Para repetir palabras proferidas en el Supremo Tribunal Federal en 2010 sobre el mensalão [subsidio mensual], “una organización delictiva se apoderó del Estado”. Las prácticas corruptas, reiteradas en el petrolão [escándalo de corrupción en Petrobras], no se atiene a conductas personales, en si inaceptables. Se trata de la formación de un sistema que conectó el gobierno, empresas y empleados para el eventual enriquecimiento personal, pero principalmente para financiar partidos y campañas electorales con el objetivo de mantenerse en el poder. Es un fraude a la democracia, además de un asalto a la Tesorería de la Nación.

Siempre me referí a la presidente Dilma con respeto. No se trata, sin embargo, del juicio de conductas individuales sino institucionales. Al endosar la trama pueril de que hay un “golpe” y disponerse a abrigar en su gobierno a una persona sospechosa de miserable corrupción personal, la presidente crea la duda sobre la obstrucción de la Justicia, cualquiera que haya sido su intención. Eso refuerza el sentimiento favorable a la apertura del impeachment en la Cámara. Existen otros indicios referidos en la petición inicial que la justifica, además de las “pedaladas fiscales” (delitos de responsabilidad fiscal, llevadas a cabo con el objetivo de “aliviar”, momentáneamente, las cuentas del gobierno). Abierto el proceso, las pruebas deben ser juzgadas por el Senado.

El capítulo de la Constitución que incluye los delitos de responsabilidad es amplio. El proceso se desarrolla en el ámbito político y no restringidamente jurídico. El mismo juicio ocurre en el Congreso, y, no, en los tribunales. Como fundamento moral para todo esto se tiene el “desliz” esencial: la corrupción de la democracia bajos los auspicios de gobiernos petistas (del Partido del Trabajo). Del punto de vista político es de eso que se trata, y no de imputaciones personales. Para que se aprecien los argumentos probatorios de culpa, así como los que podrían llevar a la absolución, ahí, sí, el juicio no puede ser meramente político, tampoco basado en la falta de popularidad. De donde se origina la amplia defensa a las imputaciones penales. Y la decisión final cabrá al Senado, bajo el comando del presidente del STF.

El simple cambio de gobierno no solucionará los problemas nacionales. Estos requieren de una nueva visión, el cambio de las prácticas políticos-electorales, así como de las políticas económicas que nos llevaron a la recesión, al desempleo y a la desilusión. Prácticas esas resultantes de la mala dirección del Estado por el lulopetismo. Bajo la retórica maniquea de que representan el bien, mientras los demás encarnarían al mal, lo que se vio fue la formación de camarillas para asegurar el poder, con la aquiescencia de empresarios y partidos. Ningún avance social necesita de la corrupción como coadyuvante.

 

El poder democrático requiere de la divergencia, el cotejo y la confrontación de opiniones, sometidos a la regla de que las mayorías deciden los impasses, el respetadas de las leyes, inclusive el derecho de las minorías y de las personas. La corrupción del Estado impide la medición veraz y libre de las mayorías electorales, que pasan a ser formadas gracias a los flujos financieros originados por el robo institucionalizado de grandes proporciones.

Pueden tener razón abstracta los que piden elecciones generales ya. ¿Pero cómo hacerlas ahora sin violar la Constitución? ¡La renuncia es un acto voluntario individual que fue respondido con un NO rotundo! La opción de la anulación de las elecciones de 2014 por el Tribunal Superior Electoral, TSF, debe seguir aunque puede ser objeto de recurso ante STF, lo que retardaría la decisión. Si ésta se llevara a cabo en el 2017, prevalece el texto de la Constitución que prevé elecciones del presidente por el Congreso en caso de que el tiempo de mandato a completar llegara a ser de dos años o menos. Si se llevara a cabo una apelación a la legislación infra-constitucional que define la elección indirecta únicamente en caso de que falten apenas seis meses para el término del gobierno en curso, de la misma manera habría recursos ante el STF para alargar el proceso.

La parálisis de la acción gubernamental y la marcha cruel de la crisis económica, que desorganiza a la sociedad, impone que se empiece pronto a reconstruir el futuro. ¿Habrá líderes capaces de dicha hazaña? Sólo el tiempo dirá. Para eso necesitaremos de un mínimo de consenso entre las fuerzas y liderazgos sociales y políticos, inclusive las hasta ahora dominantes, distanciados los que tengan comprometimiento personal con las fechorías que arruinaron al pueblo, las empresas y el Estado. Ningún compromiso para el futuro que esté basado en el “cállese” de las investigaciones (sus eventuales abusos deben corregirse por decisiones del Supremo) será capaz de reencender lo que es esencial para nuestro futuro: la competencia en la conducción/dirección del Estado, la confianza y el apoyo de la sociedad. Sin maniqueísmo, sin salvacionismo y sin pretensiones hegemónicas.

Fernando Henrique Cardoso, sociólogo, ex presidente de Brasil (1994-2002)

 

 

 

 

 

 

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