Migrantes: Cómo no le ayudamos a Trump

 

CARAVANA MIGRANTE: CÓMO NO LE AYUDAMOS A TRUMP
Cecilia Soto

Pocos cosas ejemplifican tan nítidamente el conflicto entre el objetivo a largo plazo y el inmediato, entre el bien mayor y el mal menor como el de aquellas decisiones que hay que tomar respecto a la caravana de migrantes hondureños. Con ello quiero decir que si bien el artículo primero constitucional —y la más elemental solidaridad humana— nos mandata a recibir y proteger a esos hermanos del sur, debemos hacerlo de tal manera que no interfiera con un objetivo estratégico cuyo logro es fundamental para México y para los migrantes centroamericanos.

Me refiero a un destino con dos escalas, un objetivo estratégico con dos momentos. No hay quizá meta más importante a mediano plazo que contribuir a las condiciones que impidan la reelección en 2020, del actual presidente de los Estados Unidos. Entiendo que hay ejemplos en la historia donde quitar a uno malo facilita la llegada de uno peor pero en este caso concreto es difícil imaginar que pueda llegar alguien más peligroso que ese individuo. Si contribuimos a ese objetivo, aportaremos un elemento de distensión importante para la paz mundial, debilitaremos la inercia hacia una guerra comercial que sin duda nos afectará negativamente, quizá lograremos que disminuya la retórica maligna contra México y los mexicanos y por tanto podrá frenarse o por lo menos moderarse la formación de un electorado racista y xenófobo cuyo voto puede consolidarse y hacer daño por generaciones.

Para llegar a ese objetivo estratégico antes hay que pasar por la aduana de las elecciones legislativas del próximo martes seis de noviembre en las que el Partido Republicano puede perder el control de la Cámara de Representantes y con suerte el del Senado norteamericanos. Ya hay aparentemente una ola azul de candidaturas —con una mayoría de mujeres— demócratas que podría asegurar el triunfo en la Cámara baja. Pero nada está escrito.

Alguna vez he dicho, quizá hasta lo he escrito, que la Policía Federal y/o la Policía Federal de Caminos deberían acompañar a los migrantes hasta la frontera norte. En algunos puntos de la frontera, especialmente donde se cruza el Río Bravo, los migrantes cruzan, solicitan asilo y que se las arreglen las autoridades norteamericanas. Mis dichos buscaban mandar un mensaje claro al gobierno norteamericano: no seremos su policía migratoria. Pero en las circunstancias actuales y con el objetivo estratégico mencionado más arriba, anuncio un cambio de opinión.

Dejar que llegue la #caravanamigrante hasta la frontera norte es hacerle un valioso regalo a Donald Trump, es facilitar su campaña a favor de las candidaturas republicanas y justificar su retórica xenófoba: “Amenaza a los Estados Unidos un éxodo desde el sur, miles buscan penetrar nuestra frontera sur. Sólo yo puedo parar esta invasión”.

¿Justifico los gases lacrimógenos que el gobierno agonizante de Enrique Peña Nieto lanzó contra niños, mujeres y hombres desesperados que huyen de un presente insoportable en sus lugares de origen? ¿Apoyo el ignominioso espectáculo del envío de tres mil elementos de la Policía Federal para impedir que los migrantes cruzaran la frontera? De ninguna manera.

Debemos recibir a los migrantes de manera digna y generosa pero convencerlos de quedarse en México y no avanzar hacia el norte al menos temporalmente. Con la ayuda experta de la ACNUR podremos mejorar y aumentar los campamentos para recibir a nuestros hermanos centroamericanos: facilitar escuelas temporales, instalar comedores, recibir a voluntarios expertos para adelantar trámites para el asilo político, etc. Lo hemos hecho en grande cuando México recibió durante la sangrienta dictadura guatemalteca de Ríos Montt a decenas de miles de refugiados.

La solución permanente es el desarrollo de la región. Lo ha dicho el próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador…y lo han dicho todos los presidentes anteriores. Además de decirlo lo han intentado llevar a cabo —buscando la cooperación de los Estados Unidos— con planes específicos de interconexión eléctrica, planes de infraestructura para mejorar la conectividad, actividad conjunta para prevenir catástrofes “naturales”, circuitos turísticos regionales, los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. No se ha podido pero no quiere decir que no se pueda y sobre todo, que no se deba intentar con ahínco.

Para ello, para avanzar hacia una solución duradera que además debe incorporar el sur de México, debemos antes que nada contribuir a impedir que Donald Trump se reelija en 2020 y que continúe con el control de ambas Cámaras a partir de las próximas elecciones legislativas. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog y fb.com/ceciliasotomx

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