En Excélsior: ¿Mintió la PGR sobre Cocula?

Dos fotos tomadas por un sonderkommando presumiblemente desde la cámara de gas, de la incineración al aire libre.
Dos fotos tomadas por un sonderkommando presumiblemente desde la cámara de gas, de la incineración al aire libre.

¿MINTIÓ LA PGR SOBRE COCULA?

Cecilia Soto

¿El gobierno tiene una vocación para el masoquismo, es simplemente incompetente u oculta algo? Es difícil ampliar el abanico de hipótesis después de comprobar que el gobierno dificultó hasta hacer imposible que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, entrevistara a integrantes del 27vo Batallón de Infantería del Ejército con sede en Iguala. Según se desprende de documentos conocidos o desclasificados, algunos integrantes del Batallón supieron, siguieron o fueron testigos de varios de los terribles eventos que llevaron a la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Isidro Burgos, en Ayotzinapa, Guerrero. ¿Si el desgaste ya había ocurrido, si la pérdida de confianza de grandes segmentos de la opinión pública ya se había dado, por qué no cooperar, –no a regañadientes, no poniendo obstáculos aquí y allá–, con el Grupo de Expertos y sus pesquisas?

Dentro de las múltiples dudas y contradicciones que el informe del GIEI encuentra en el trabajo de la Procuraduría General de la República, PGR, sobre la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, destaca la conclusión terminante de que no se utilizó el basurero de Cocula para incinerar los cuerpos de los estudiantes. Aunque el informe deja abierta la posibilidad de otras conclusiones sobre el destino de los muchachos, no descarta del todo que hayan sido asesinados y sus cadáveres hayan sido incinerados. Se recordará que el 7 de diciembre de 2014, el laboratorio de la Universidad de Innsbruck a donde se mandaron cenizas y unos cuantos restos óseos, corroboró mediante análisis del DNA que un pequeño hueso, aparentemente recogido en las 8 bolsas que se encontraron en el río San Juan, cercano al basurero, pertenecían a Alexander Mora, unos de los 43 estudiantes desaparecidos. En sus recomendaciones, el GIEI incluye la de investigar en hornos crematorios “públicos y privados” de la región.

Los integrantes del GIEI basan sus dudas en las conclusiones de un experto en fuego y seguridad en incendios, el doctor José L.Torero, actualmente en la Universidad de Queensland, Australia, cuyas credenciales son excelentes (aquí se pueden consultar https://en.wikipedia.org/wiki/Jose_L._Torero). El experto concluye que por la cantidad de madera y llantas que se requieren para quemar un cuerpo, por el calor que tendría que desprenderse, por el daño que se hace a la vegetación, etc., no hubo tal quema de cadáveres en Cocula.

Me pregunto si en este tema, el único en el que aparentemente el GIEI requirió a un experto externo, no hubiera sido necesario convocar no a uno sino a varios expertos: varias cabezas piensan más que una. La razón de mis dudas sobre la conclusión terminante del GIEI de que “no hubo tal evento”, refiriéndose a la quema de cadáveres en el basurero de Cocula, es la experiencia de la Segunda Guerra Mundial en la incineración de cadáveres por parte de los nazis, que ya cité en febrero de este año en mi artículo Auschwitz en Cocula, pero que vale la pena repetir:

“Entre el 15 de mayo y el 8 de julio de 1944, más de 435 mil judíos húngaros fueron trasladados a Auschwitz para su exterminio. Los hornos crematorios no se dieron abasto y la SS ordenó que se cavaran cinco fosas, cada una de 12 metros de largo por 6 de ancho y un metro y medio de profundidad, así como una plataforma de concreto para “triturar los huesos restantes”. El trabajo lo hacían los Sonderkommandos, que estaban integrados por prisioneros judíos que llevaban a otros prisioneros a las cámaras de gas, trasladaban los cadáveres a los hornos crematorios y después dispersaban cenizas y huesos y eran ejecutados semanal o mensualmente a fin de eliminar posibles testigos. Filip Müller, uno de los contados integrantes de los Sonderkommandos que sobrevivió, rindió su testimonio.”

“Dice Müller: ‘En los hornos crematorios, una vez que el fuego estaba plenamente encendido bastaban abanicos eléctricos para mantenerlo, mientras que en las fosas (al aire libre) cuando el aire dejaba de circular entre los cadáveres, teníamos que alimentarlo con combustible o alcohol de madera. Bastaba una hora para iniciar la quema de unos mil cadáveres por turno… y unos 25 colegas trabajaban en ello… El proceso duraba unas 5 o 6 horas…’.

“Müller relata que en cierta ocasión, en un día y en sólo dos de las fosas cremaron 2,500 cadáveres. Existen dos únicas fotografías de la quema de cadáveres en las fosas al aire libre en Auschwitz publicadas en Images in Spite of All, de Georges Didi-Huberman, Chicago University Press.” Subiré estas fotografías a mi blog ceciliasotog.wordpress.com, a fin de que se puedan consultar.

Si los estudiantes fueron asesinados, como su prolongada ausencia parecería indicar, la cremación de 43 cadáveres en hornos crematorios “particulares o privados” parece una operación logística complicada, que requeriría muchos testigos y que duraría varios días, ya que el Dr. Torero calcula 1:20 horas por cadáver en un horno crematorio, que según mi experiencia, se extiende a 3 o 4 horas en las instalaciones de las funerarias comunes. Con todo, esta hipótesis no parece difícil de investigar: ¿cuántos hornos crematorios existen en la región? Las familias de los 43 normalistas y todo México con ellas, demandamos la verdad, cualquiera que ésta sea. Nos encontramos en twitter: @ceciliasotog

“Entre el 15 de mayo y el 8 de julio de 1944, más de 435 mil judíos húngaros fueron trasladados a Auschwitz para su exterminio. Los hornos crematorios no se dieron abasto y la SS ordenó que se cavaran cinco fosas, cada una de 12 metros de largo por 6 de ancho y un metro y medio de profundidad, así como una plataforma de concreto para “triturar los huesos restantes”. El trabajo lo hacían los Sonderkommandos, que estaban integrados por prisioneros judíos que llevaban a otros prisioneros a las cámaras de gas, trasladaban los cadáveres a los hornos crematorios y después dispersaban cenizas y huesos y eran ejecutados semanal o mensualmente a fin de eliminar posibles testigos. Filip Müller, uno de los contados integrantes de los Sonderkommandos que sobrevivió, rindió su testimonio.”

“Dice Müller: ‘En los hornos crematorios, una vez que el fuego estaba plenamente encendido bastaban abanicos eléctricos para mantenerlo, mientras que en las fosas (al aire libre) cuando el aire dejaba de circular entre los cadáveres, teníamos que alimentarlo con combustible o alcohol de madera. Bastaba una hora para iniciar la quema de unos mil cadáveres por turno… y unos 25 colegas trabajaban en ello… El proceso duraba unas 5 o 6 horas…’.

“Müller relata que en cierta ocasión, en un día y en sólo dos de las fosas cremaron 2,500 cadáveres. Existen dos únicas fotografías de la quema de cadáveres en las fosas al aire libre en Auschwitz publicadas en Images in Spite of All, de Georges Didi-Huberman, Chicago University Press.” Subiré estas fotografías a mi blog ceciliasotog.wordpress.com, a fin de que se puedan consultar.

Si los estudiantes fueron asesinados, como su prolongada ausencia parecería indicar, la cremación de 43 cadáveres en hornos crematorios “particulares o privados” parece una operación logística complicada, que requeriría muchos testigos y que duraría varios días, ya que el Dr. Torero calcula 1:20 horas por cadáver en un horno crematorio, que según mi experiencia, se extiende a 3 o 4 horas en las instalaciones de las funerarias comunes. Con todo, esta hipótesis no parece difícil de investigar: ¿cuántos hornos crematorios existen en la región? Las familias de los 43 normalistas y todo México con ellas, demandamos la verdad, cualquiera que ésta sea. Nos encontramos en twitter: @ceciliasotog

Foto tomada por un sonderkommando de la incineración de cadáveres al aire libre. Verano de 1944
Foto tomada por un sonderkommando de la incineración de cadáveres al aire libre. Verano de 1944

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